El rancho La Chingada, casa de descanso de AMLO, no fue una herencia de sus padres, fue una donación de su hermano Pedro Arturo López Obrador.

La Chingada: la sexta simulación de López Obrador

El rancho La Chingada, casa de descanso de AMLO, no fue una herencia de sus padres, fue una donación de su hermano Pedro Arturo López Obrador.

PejeLeaks ha documentado cinco simulaciones patrimoniales de López Obrador: Un departamento ubicado en Av. Copilco 300 que “vendió” a un funcionario de su gobierno del Distrito Federal; dos en la calle de Odontología que continúan siendo suyos; y dos departamentos más de Beatriz Gutiérrez Müller, su esposa, mismos que fueron “vendidos” a César Yáñez y a Julio Scherer, sus más cercanos colaboradores, unos meses después de presentar la declaración “3de3”. Sin embargo, hay una sexta propiedad que destaca por la similitud metafórica entre Andrés Manuel López Obrador y el inmueble. La quinta La Chingada aparenta ser una casa sencilla y modesta cuando se observa su fachada. Pero, la casa de descanso del candidato presidencial de MORENA es una propiedad de 13 mil 400 metros cuadrados que está lejos de poder ser descrita como austera. Desde que, por error, se hizo público que La Chingada era propiedad de López Obrador, se dijo que el tres veces candidato presidencial la había heredado en el año 2000 por sus padres. Sin embargo, esta reportaje documenta que Andrés Manuel recibió esta quinta en el año 2007, por donación de su hermano Pedro Arturo López Obrador, quien fue exhibido por PejeLeaks como operador de una serie de empresas que han simulado competir por licitaciones públicas, ganando más de 100 millones de pesos con el apoyo de la ex pareja de Pedro Arturo y exfuncionaria del gobierno de Javier Duarte en Veracruz, Carol Jessica Moreno, hoy buscada por la Procuraduría General de la República y por la Interpol por un desfalco al erario que podría superar los 200 millones de pesos.

San Andrés El Propietario

Andrés Manuel López Obrador no miente. Él no es como los demás políticos. A diferencia de cualquiera de sus colegas de profesión, López Obrador se ve a sí mismo como un poderoso trueno que está por rasgar la historia de México. En el primer debate presidencial de 2018, López Obrador dijo que en la historia nacional había tres grandes momentos, la Independencia, la Reforma y la Revolución, y que él estaba por lograr la “cuarta transformación de la vida pública de México”. Así pues, en su mente López Obrador es más que un hombre que busca cargos públicos para transformar el país -de esos hombres hay muchos-, es un revolucionario, una figura a la altura de Miguel Hidalgo, Benito Juárez o Emiliano Zapata.

El político promedio aspira a convencer a los electores con propuestas. En cambio, López Obrador aspira a convencer a través de la espiritualidad. Como nadie en el presente de México, el candidato presidencial de MORENA basa su legitimidad en un discurso religioso donde la pureza moral es fundamental. Ahora aliado de grupos evangélicos conservadores, López Obrador retoma varios rasgos de la ética cristiana para construir su imagen pública.

En el imaginario de López Obrador, como en el de varias corrientes del cristianismo, puro es aquel que se libera de cualquier atadura terrenal. Pero, al igual que tantos líderes religiosos, López Obrador adora los bienes y comodidades materiales y no está dispuesto a renunciar a ellos.

PejeLeaks ha documentado cinco pruebas irrefutables de la hipocresía de López Obrador. En 2005, cuando quería ser presidente por primera vez, y necesitaba urgentemente aparentar que era puro, Andrés Manuel López Obrador vendió un departamento que tenía en el número 300 de la calle Copilco, pero se lo “vendió” a Alejandro Juárez Durán, un funcionario público que había trabajado para el gobierno de López Obrador. La evidencia de que todo era una simulación fue que, antes de transferirle la propiedad a Alejandro Juárez, López Obrador intentó vendérsela a Tabana Banana, una empresa que era propiedad de Rafael Marín Mollinedo, primo de Nicolás Mollinedo “Nico”, el famoso chofer del ex Jefe de Gobierno del Distrito Federal, y también exfuncionario del gobierno de López Obrador.

Dos pruebas contundentes adicionales son los dos departamentos localizados en el número 57 de la calle Odontología, también en Copilco, Ciudad de México. Estos departamentos pertenecían a López Obrador y a su primera esposa, Rocío Beltrán. Después de que esta última falleció en 2003, la parte que le correspondía pasó por herencia a sus tres hijos (José Ramón, Andrés Manuel y Gonzalo Alfonso), y Andrés Manuel López Obrador, en un acto de “bondad y pureza”, decidió regalarles a esos mismos hijos su parte de las propiedades. Pero también fue una simulación.

Como se documentó en un reportaje anterior, esta donación no consta en el Registro Público de la Propiedad. López Obrador le pidió a uno de sus amigos y colaboradores, Adán Augusto López Hernández, actual candidato de MORENA al gobierno de Tabasco, que hiciera una escritura pública que dijera que López Obrador donaba todas sus propiedades a sus hijos. Tan falsa es esta supuesta donación que, 14 años después, sigue sin haber constancia pública de que haya ocurrido. Si la escritura no fuera una simple componenda entre Adán Augusto y López Obrador para fingir que el líder de MORENA es puro porque no tiene nada, cualquier mexicano podría acudir al Registro Público de la Propiedad a constatar la veracidad de la donación. Una escritura es algo que solo los particulares pueden tener. No es una prueba pública.

Por si fuera poco, PejeLeaks descubrió que López Obrador también ocultó dos departamentos de los que era propietaria su actual esposa, Beatriz Gutiérrez Müller. Esto ocurrió en 2016. Después de que la sociedad civil lo presionara para presentar su declaración Tres de Tres, López Obrador publicó una serie de documentos en los que informaba que Beatriz Gutiérrez tenía una casa en la Ciudad de México y un departamento y dos terrenos en Puebla. Sin embargo, el patrimonio era mayor. Sin embargo, además de lo declarado por Andrés Manuel, Beatriz Gutiérrez poseía dos departamentos en la delegación Benito Juárez, en la Ciudad de México.

Tal vez el candidato de MORENA creyera que, vendiendo las propiedades, la sociedad nunca se daría cuenta de sus omisiones. Por eso, ese mismo año, después de que publicó su declaración Tres de Tres, López Obrador y Beatriz Gutiérrez se “deshicieron” de sus departamentos. En realidad, simularon hacerlo. Pocos meses después de presentar la Tres de Tres, Beatriz Gutiérrez le “vendió” los departamentos a dos de los más cercanos colaboradores de su esposo: a César Yáñez, vocero y asesor de López Obrador y a Julio Scherer Ibarra, abogado personal de Andrés Manuel y Coordinador regional de MORENA.

Que la esposa de López Obrador le “venda” dos departamentos a César Yáñez y Julio Scherer Ibarra es como si Ricardo Anaya le vendiera su nave industrial a Damián Zepeda o a Santiago Creel. No es una venta verdadera, sino una simulación. Todo queda en familia (política).

El modus operandi es evidente. López Obrador va “aflojándose en terracería” predicando la pobreza, “regalando” lo que tiene y ocultando lo que tiene su familia con la ayuda de sus subordinados. Sin embargo, ya terminada su jornada de actividades políticas, Andrés Manuel regresa a todas aquellas propiedades de las que se “deshizo” para disfrutar de un cómodo descanso o de un plácido momento de reflexión. Un político pobre es un pobre político, reza la jerga política mexicana, y López Obrador lo entiende.

Como se dijo, los departamentos de Odontología 57 en Copilco son un buen ejemplo de esto, pero el caso que mejor refleja las simulaciones de López Obrador es su famosa casa de descanso: La Chingada.

A la Chingada

“O a Palacio, o a La Chingada”, son las palabras que utiliza Andrés Manuel López Obrador para intentar convencer a la ciudadanía que, en esta ocasión, sí respetará los resultados electorales en caso de perder su tercera elección presidencial. López Obrador hace referencia a Palacio Nacional, donde ha dicho que vivirá y despachará en caso de ganar la Presidencia y a la quinta La Chingada, la casa de descanso del candidato presidencial de MORENA.

La quinta La Chingada pareciera una metáfora de la opacidad de Andrés Manuel López Obrador como servidor público. Ubicada en el kilómetro 1.5 de la Carretera Palenque-Pakal-Ná, en el municipio de Palenque, Chiapas, la quinta La Chingada destaca por su aparente sencillez. Un viejo portón negro sin número exterior indica la entrada a una propiedad privada. A un costado se encuentra un terreno baldío y al otro, una modesta refaccionaria. El portón sugiere el acceso a un pequeño predio rústico, descuidado y humilde. Sin embargo, basta con ingresar por el portón en el que usualmente hay una camioneta con estampas de MORENA, para ver que no se trata de un insignificante ranchito.

Localizada en una zona comercial, justo enfrente de un gran supermercado, la quinta La Chingada ocupa 13 mil 341 metros cuadrados escondidos detrás del pequeño portón. La Chingada fue cotizada en 25 millones de pesos y es descrita por López Obrador como “el manchón de monte alto más importante de la zona baja”. En una columna escrita por López Obrador, el candidato presidencial de MORENA describe la vegetación de la quinta. Cuenta con caobas, cedros, árboles frutales, cacao, café y una laguna privada. Al centro, se encuentra una casa de 400 metros cuadrados en la que López Obrador, dice, se retirará si pierde el próximo 1 de julio.

No se trata de un simple predio rústico, se trata de la típica casa de descanso del político mexicano que López Obrador critica. La Chingada destaca entre sus vecinos, pues cuenta con una extensión mayor a la de los ocho hoteles, el supermercado y la plaza comercial que se encuentran en los terrenos colindantes.

En la columna antes citada, López Obrador insiste en que no tiene “ningún bien material, ni cuentas de cheques ni tarjetas de crédito” y destaca que “el mejor consejo y la enseñanza mayor que uno puede dar a los seres queridos es la del desinterés por lo material, porque muchas veces la infelicidad se produce por la ambición al dinero”. Sin embargo, sus acciones distan de sus palabras.

La “herencia” Andrés Manuel

En febrero de 2012 se hizo público, por error, que López Obrador era propietario de La Chingada, luego de que reporteros de su fuente lo escucharan comentarle a un empresario que si perdía la elección se iría a “la chingada”. Las palabras registradas en los micrófonos fueron las siguientes: “Tengo menos vigor, eso sí. Porque ya estoy muy cansado. ¿Te acuerdas en tu casa que te dije que, si la elección era limpia y libre, si perdía, me iba yo a La Chingada? ¿Te acuerdas? Y ahora sí”.

Cuando surgió el escándalo, López Obrador declaró que había heredado la quinta en el año 2000, año en que fallecieron su padre y su madre. Sin embargo, las declaraciones patrimoniales presentadas por el entonces Jefe de Gobierno del Distrito Federal no registraban dicho inmueble.

La razón por la cual las declaraciones patrimoniales de López Obrador no registraban a La Chingada como propiedad del tabasqueño es sencilla: Andrés Manuel López Obrador no heredó de sus padres la casa de descanso de 13,400 metros cuadrados.

El folio de la propiedad indica que el hoy candidato presidencial de MORENA se hizo de la propiedad a base de donaciones de familiares suyos. De acuerdo con la escritura pública número 3945 firmada por el notario público Luis Mayo Castro, no fue hasta el 18 de diciembre 2007, un año después de haber perdido por primera vez las elecciones presidenciales, que Andrés Manuel López Obrador se hizo de la propiedad.

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El documento detalla el proceso de donación por parte de su hermano Pedro Arturo López Obrador y su sobrina, Erandi Isabel López Herrería. Por un lado, Pedro Arturo renuncia al derecho de uso y usufructo vitalicio de La Chingada y por otro, López Herrería dona la propiedad a su tío, Andrés Manuel López Obrador. De acuerdo con la escritura, “la operación comprende la superficie ya indicada (13, 341 metros cuadrados), con todas sus entradas, salidas, usos, costumbres, servidumbres, accesiones y todo cuanto de hecho y por derecho le correspondan al expresado inmueble”.

Pedro Arturo saltó a la fama cuando se “peleó” públicamente con el candidato presidencial de MORENA. Sin embargo, PejeLeaks documentó que la verdadera razón del distanciamiento eran una serie de negocios turbios del hermano de Andrés Manuel. La investigación inédita de PejeLeaks documentó que Pedro Arturo López Obrador opera, junto con su hija, Erandi Isabel López Herrería, una red de empresas que han simulado competir entre sí en procesos de contratación pública para repartirse contratos por más de 100 millones de pesos.

En un segundo reportaje, PejeLeaks documentó que las empresas de Pedro Arturo recibieron contratos millonarios con el apoyo de Carol Jessica Moreno Torres, pareja sentimental de Pedro Arturo y entonces funcionaria del gobierno de Javier Duarte, en Veracruz. El pasado 19 de abril del año en curso, la Fiscalía General del Estado de Veracruz solicitó a la Procuraduría General de la República activar una alerta migratoria y ficha roja para buscar, detener y extraditar a Moreno Torres, acusada de realizar un daño patrimonial superior a los 96 millones de pesos. De acuerdo con el Fiscal General de Veracruz, el daño patrimonial “podría aumentar a 250 millones de pesos tras los resultados de investigaciones en proceso”.

La “donación” de Andrés Manuel

La declaración Tres de Tres de Andrés Manuel López Obrador llamó la atención de medios, analistas y organizaciones de la sociedad civil por una sencilla razón: López Obrador manifiesta no tener absolutamente nada. Sin embargo, pocos se dieron cuenta del elemento más absurdo de su declaración. En la declaración Tres de Tres, las figuras públicas se comprometen a declarar los bienes tanto de ellos como de sus esposas y dependientes económicos. En la declaración de López Obrador hubo una propiedad que no llamó la atención, pero resulta completamente absurda: Su hijo de tan solo 11 años aparece como propietario de una propiedad en Palenque, Chiapas. ¿Cómo es que un menor de 11 años puede ser dueño de una quinta valuada en 25 millones de pesos? El candidato presidencial de MORENA “heredó en vida” a sus hijos y el principal heredero de la quinta La Chingada es Jesús Ernesto López Gutiérrez, su hijo menor.

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La donación de La Chingada es una simulación más de López Obrador. De acuerdo con la escritura pública 10107, López Obrador se reservó “el derecho de usufructo vitalicio”. Es decir, sus hijos no podrán vender, rentar o utilizar la propiedad hasta que él muera. En otras palabras, La Chingada será de López Obrador por el resto de su vida.

¿Los ingresos de Andrés Manuel López Obrador alcanzan para mantener una casa en Tlalpan, un departamento y dos terrenos en Puebla, dos departamentos en Copilco y una casa de descanso de más de 13 mil metros cuadrados? ¿Cuánto cuesta el mantenimiento de una finca con cientos de árboles frutales, plantíos y una laguna? ¿Cuántas personas trabajan en el rancho y cuánto les pagan?

Andrés Manuel López Obrador es como La Chingada: Sencillez y modestia por fuera, pretensión y lujo por dentro. En otras palabras, simulación.